lunes, 18 de marzo de 2013

Los amargados


Tengo ganas de decir que soy y seré inmortal. Con mis defectos y mis virtudes. Pero soy franco, sincero y honrado Siempre he partido de la base que hay que levantarse con el pie derecho, nunca el izquierdo. Para entendernos: levantarnos con ganas. Ganas de vivir, de reir, de besar, de abrazar, de llorar (de alegría),… Intento reir siempre, es una cosa que me caracteriza.
Me da coraje hasta puntos extremos la mala cara de decenas de personas de mi pueblo. Me pregunto muchas veces si estarán estreñidos. Todo el día contando penas, amargados con una lucha de barra de bar bebiendo cerveza (que nunca pagan) y ese puñetero canto del urogallo hablando de fútbol, de economía, de política (este ganao acostumbra a ser fascista o comunista) y no tienen más preocupación en la vida esa de amargados que llevan de darnos por culo al resto de las personas. A ver, no me ha pasado nada, pero ya es un cúmulo de casos de tiempo atrás y yo no tengo necesidad de soportar, aguantar y ver esas cosas, porque me dan vergüenza ajena. Dios me perdone, pero el que esté amargado que coja el camino pa la presa el dique y se tire p’abajo. Fácil. Yo no soy de nadie, sólo de mi padre y de mi madre, gente buena honrada, trabajadora. Tanto trabajo cuesta que la gente sea medianamente así? De su padre y de su madre? Trabajador? Alegre cuando haya que salir de birras? Comprometido cuando hay que serlo? Bien hablado? Y que me perdone quien sea pero EDUCADO?. Pues hay mucho ganado en Nerva asi, y perdón por la palabra ganado, pero es que no se merecen otra consideración. Se me ponen los pelos como escarpias por esta GENTUZA que se queja, llora, mendiga, hace las vilezas mas grandes y después tienen dinero por castigo. Porque si, es necesario el dinero, ayuda a la felicidad, pero para encabronar al personal no. Yo no tomo más birras con gentuza, no merecen mi compañía, ni yo merezco aguantar a valiente ganado. E insisto en que no me ha pasado nada con nadie, pero son cosas que uno ve desde hace meses. No de mi círculo. Y me da asco que sea la gente asi. Que vergüenza…

lunes, 25 de junio de 2012

Quiero y no quiero ser padre

De los hijos no te puedes librar aunque no los tengas. Llegada cierta edad, pongamos los 30 años, empieza todo a girar de un nuevo modo. Comienzas a elegir un bando: ¿eres de los que sí o de los que no? En ambos casos piensas en ello. De la paternidad no te escapas, aunque vayas de moderno. De las preguntas, tampoco. A cierta edad los hijos o su ausencia se convierten en un tema de conversación. Y los padres y no padres (ni siquiera existe una palabra propia que nos definiría) conviven, cada uno con sus miedos, sus rutinas y sus miradas de curiosidad mutua
.Los hijos marcan, pero también su inexistencia. Hay quien ha encontrado nuevos amigos entre los papás de la guardería. Hay quien los ha perdido porque no aguanta el alboroto de una casa de peluche y pataleta. Hay parejas que se unieron gracias a un bebé-bálsamo: enfocados en un tercero dejaron de estar obligados a quererse entre ellos. Otros amores acabaron porque uno de los dos no quería columpio  en el jardín, que dijo Sabina. Hay quien llora porque el embarazo le ha arruinado la vida y quien llora cada 28 días porque las braguitas vuelven a estar manchadas. Otros forman familias felices. Y otros miramos cómo se perpetúa la especie desde la barrera, satisfechos con la incertidumbre (si exceptuamos los domingos por la tarde) de una vida sin anclajes familiares. Hay quien ve egoísmo solo en este último grupo. Yo no. ¿Y tú?

domingo, 24 de junio de 2012

El tiempo

En el colegio nos enseñan a calcular en qué punto se cruzarán el coche A y el coche B teniendo en cuenta sus velocidades y el espacio a recorrer. Los niños se apresuran a hacer ecuaciones en cuadernos de cuadrícula hasta que hallan la solución o se la cogen prestada al vecino. Lo que nadie nos ha contado es que quizás esos dos vehículos nunca se crucen, porque el tiempo no es lineal, sino poliédrico. Quizás la conductora A olvidó el móvil en casa y se da la vuelta mientras el conductor B cogió un atajo para acaparar tiempo al tiempo. Quizás crees que vives en la cara del presente del poliedro y que avanzas linealmente, pero esa cara tiene en su cara opuesta y latente aquel trabajo que no cogiste, aquella ciudad a la que no te mudaste, aquel amor del pasado con el que no te atreviste, al que creíste mandar fuera del poliedro y en realidad mandaste a una arista del futuro.
Queremos ordenar el tiempo, retenerlo con fotos o cirugía si hace falta, hacerlo elástico a nuestro antojo para que avance rápido o se quede suspendido. Queremos que sea una linea por la que caminar, correr o hacer funambulismo, del extremo A al extremo B. Eso nos hace creer que avanzamos. Pero es un cubo de muchas caras: hay pasados que no han pasado aún (¿adónde va a parar lo que no has vivido?) y que están en la cara Z del cubo. Junto a la cara P, de presentes que no disfrutamos, demasiado ocupados en hacer planes en la cara F, de futuros que esperamos que sean mejores que O, donde se almacenan las oportunidades perdidas con las que te toparás mañana porque no estaban perdidas, sino escondidas en la cara S, de segunda oportunidad, del cubo. 
El tiempo no se divide en ayer, hoy, mañana, lo que pasa es que así es más fácil imprimir los calendarios.

lunes, 18 de junio de 2012

Un buen recopilatorio Ñ

Una sugerencia para un buen copila.

- Lori Meyers - Sin Compasión
- Vetusta Morla - Lo que te hace grande
- Love Of Lesbian - Alli donde solíamos gritar
- Deluxe - Los jóvenes mueren antes de tiempo
- La Habitación Roja - Dices que no
- Pereza - Lady Madrid
- Maga - Diecinueve
- Lovely Luna - Sola
- Los Planetas - El Artista Madridista
- La Costa Brava - Déjese querer por una loca
- Los Punsetes - fonde de armario
- La Buena Vida - Que nos va a pasar
- Tachenko - Escapatoria
- La Granja - Eto'o (su jugador favorito)
- Los Piratas - Años 80
-  Ivan Ferreiro - Canciones para el tiempo y la distancia

Espero opiniones


martes, 5 de junio de 2012

Quiero ser bankero

Yo quiero ser bankero, para levantarle la falda a los mercados y que se ruboricen cuando el mundo vea que no hay piernas torneadas ni lencería fina, sólo un sordido excel bailando entre ceros con dientes afilados. Quiero ser bankero para pagarle al brillante hijo de Antonia su carrera de maestro y la casa a Pedro, con la condición variable de que me haga padrino de su futuro hijo. También para cargarme la cláusula suelo y cielo, que no haya límites ni TAE ni más comisión que la de fiestas. Que me esperen en los bankos si dejan de cobrar más a las viudas que a los ricos y si pegan fuego al cementerio de ideas que es el ”departamento de riesgos”. Me hago de la banka si se cambia la Santa Euroinquisición por la cofradía del Santo Almuerzo y las “normas de la casa” respetan a sus inquilinos.
Me paso a ser bankero con K si con el manotazo a la Q acabamos con las qastas, la diqtadura, los qulpables de las hipoteqas basura y las agencias de qalificación de riesgo. Quiero presidir la junta de accionistas si eso significa que está llena de valientes que pasan a la acción, y ser tu consejero delegado para que me llames si el mes es demasiado largo para tu salario. Quiero ser bankero si alguna vez el aval de la palabra vale más que el de un piso y si en las carteras de valores se cose un bolsillo para meter los morales. Hasta entonces, prefiero (incluso) ser camarero.

sábado, 2 de junio de 2012

Varias vidas

Seguramente te habrá pasado. Habrás deseado tener dos o tres vidas. Habrás fantaseado sobre cómo sería cambiar de mujer, de marido, de ropa, de país. Quizás hayas querido dar siete vueltas de llave a tus deseos irracionales, guardarlos en un armario que siempre tiene la cerradura rota. No sirve de mucho, se escaparán y volverán a ti. No encuentro mejor manera de definirlo que El inmaduro, del poeta Manuel Vilas.

“Me pasa siempre, y duele, y confunde. Debe ser algo relacionado con la desesperación de vivir. Si estoy en Barcelona, me gustaría estar en Madrid.
Si estoy en Zaragoza, me gustaría estar en La Coruña. Si estoy en La Coruña, me gustaría estar en la cima del Aneto, comiendo setas venenosas bajo el cielo helado. Si voy al cine, en mitad de la película me entran unas ganas revolucionarias de estar en mi casa viendo la televisión. Si estoy sentado en el sofá viendo la televisión, me gustaría estar muerto y enterrado en el cementerio, contando los días que faltasen para la resurrección de la carne.
Todo me persigue, ciudades, cines, casas, cementerios. Si estoy con amigos, preferiría estar con amigas. Si estoy con amigas, me gustaría estar con enemigas. Si estoy con enemigas, me gustaría estar en casa durmiendo la siesta. Si me compro unos zapatos con cordones, en que salgo de la tienda y ando por la calle empiezo a envidiar a todos aquellos que llevan zapatos sin cordones. Y también me pasa con las camisas, las cazadoras, los pijamas, y las sandalias en el verano. Y también con las vidas: Si me pienso abogado, preferiría ser médico. Si médico, sacerdote. Si sacerdote, hombre casado y con siete hijos. Si casado, soltero. Si soltero, viudo muy apenado. Si viudo, monje. Si monje, matador de toros. Estés donde estés, no has acertado por completo. Siempre hay algo más barato y mejor por ahí. Siempre hay vistas desconocidas en el acantilado de la vida. Me está matando esto de vivir una sola vida. La gran muerte de vivir en una sola forma.”

viernes, 25 de mayo de 2012

Liliput

El suntuoso sistema ecolítico que nos gobierna (económico + político) ha aplacado durante años las críticas de los ciudadanos, que jugaban con sus tiernas hipotecas sin preocuparse del gigante. Hace un tiempo, no demasiado, que esa ciudadanía se está quejando o “expresando el malestar”, que es el eufemismo político para decir que ya se han despertado los lilliputienses. Son la mayoría, pero son muy pequeños. Después de dos años de recortes, estos enanos son conscientes de que su tamaño sí importaba y de que no tienen un plan. Se han dado cuenta de que los escalones del Congreso son demasiado altos y las piernecitas no les alcanzan. Que por mucho que griten su queja se agota y desfallece antes de llegar a un solo oído. Y ahí empieza la rueda de frustración y enfado.

Esa indignación es una queja líquida que ya alcanza las casas, las plazas, las webs, los tuits y las charlas entre pastores. Hay un runrún pastoso y negativo que nos está contagiando. Todos tenemos una opinión airada para todo. Todos somos economistas. Hay quien ve el fin del mundo, quien tiene la receta para el fin de la crisis y quien prevé el futuro. El Financial Times hace un editorial sobre España y le ponemos velas. Habla un ministro y a los 20 segundos ya sabemos qué rebatirle. Ahora que no hay casitas nos están haciendo jugar a ser ciudadanos indignados y libres. Nos dejan prender fuego a todo quizás con la secreta esperanza de que nos quememos. La indignación, como la innovación, no es un valor positivo en sí mismo. La hay buena y la hay mala. Para que sea una indignación positiva necesita reflexión y acción, como se ve en algunas asambleas o en algunas casas o en algunos libros, porque la sola indignación consume energía y se come el pensamiento. Hoy se habla mucho de detenciones, de policía, de porras. Y Gulliver se ríe a carcajadas.