viernes, 13 de abril de 2012

Felicidad

La felicidad a veces te alcanza a traición. Te asalta y te araña el estómago con su garra de plumas. Por ejemplo, es un día normal, de esos que creemos -en nuestra vanidad occidental- que están bajo nuestra tutela. Estás en la ventana pensando en nada y de repente se asoma el sol por las costuras de las nubes y suena una ópera heroica al fondo y el puzzle de la vida baila un vals aleatorio y se encaja él solito sin que tú te empeñes. La gente y también los desconocidos te caen bien de pronto, los comprendes, les ayudarías si te lo pidieran. Entras en ellos a través de la llave que abre todas las puertas, la contraseña genética de quienes comparten el mismo tiempo y el mismo mundo. Hey brother. Las costillas se ensanchan y ahora cabe más aire para refrescarte por dentro. Los ojos supuran un agua con gas que les da un brillo efervescente. Los hombros dejan la posición de ataque y se relajan, alejándose de tus oídos, que ahora perciben el sol y el calor de sus mensajes mudos. Los párpados toman la iniciativa y se cierran para que puedas escucharte piel adentro. Te sacude un calambre de vida. Intentas agarrarlo, retenerlo, subirlo a facebook. Felicidades, eres feliz.

La infelicidad a veces te alcanza a traición. Te asalta y te muerde el estómago con su dentadura de alambres. Por ejemplo, es un día normal, de los que están bajo nuestra tutela. Es viernes y estás pensando en nada. Y sale el sol nadando entre nubes de tinta y suena una sonata limpia al fondo y de repente la vida se enmaraña y te ata los brazos y las piernas con una maroma de seda delicada y morbosa. Y tus pensamientos se tropiezan entre ellos, el futuro le echa la culpa al pasado, que te estorba el presente, que no ve futuro. Eres un pin indescifrable, un álgebra de noes. Tu cuerpo se pone en posición de combate. La campanilla se ensancha y corta el paso en el túnel de tu boca. Por tus sienes desfila un ejército de mariposas infelices. Felicidades, eres humano.

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