miércoles, 4 de enero de 2012

Ganas

España es un país de pocos emprendedores. No fabrica. Cada vez inventa menos. Está yermo de aventureros. Los que hay, hacen las maletas. El paro ha venido a agravar el problema. Lo malo a corto plazo son los casi 5 millones de parados. Y la verdadera amenaza a medio plazo es que se instale para siempre la filosofía de ’pies quietos’, por el miedo que recorre las espinas dorsales de los desempleados, pero también la de los empleados. O la médula de los estudiantes que buscan un futuro cálido, acogotados por el temor a que la caprichosa varita del paro les roce: de ahí que haya una legión de jóvenes que desde 2008 se refugian en academias de oposición como un puerto donde reparar sus cascos, que aún no se han estrenado en el mar.

Dicen que las crisis son las piscifactorías de movimientos creativos, de emprendedores, ideas, de renovación moral. Yo creo que es todo lo contrario: son unas orejeras que te señalan un único camino, el de la seguridad, que es uno de los impulsos humanos más antiguos, dejando en sombra el paisaje de las ambiciones, las ideas locas, los proyectos arriesgados y las pulsiones. Es la seguridad económica la que nos da libertad. Para montar un negocio o meterte en un lío. Es la que te permite fracasar. La necesidad de un salario está reñida con asumir riesgos. La necesidad imperiosa de seguridad está casada con la resignación.

Es tiempo de llegar a fin de mes. Pero quiero recordar las palabras del estadista americano Dean Alfange, que el actor Peter O’Toole recitaba de corrido cada vez que los vapores del bourbon le refrescaban la memoria:

Opto por no ser un hombre común…, es mi derecho ser singular, si puedo… Busco la oportunidad, no la seguridad… Quiero correr el riesgo intencionado; soñar y construir, fracasar y triunfar…, negarme a cambiar el incentivo por un nimio subsidio… Prefiero los retos de la vida a la existencia asegurada, la emoción de realizar una ambición a la calma sosa de la utopía.

No pretende ser una solución, incluso leído aquí y ahora parece trasnochado. Es solo un recordatorio, para que no se te quiten las ganas de tener ganas. Ilusión.

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