viernes, 24 de junio de 2011

Los pesimistas del 15M

Recuerdo el primer día de la acampada en la puerta del Sol, tras la manifestación del 15 de mayo. Entonces eran una decena de “chalados”. Luego llegaron más a dormir, que eran unos “ilusos” y que supuestamente iban a acabar igual, con sus culos fuera de la plaza pública. Luego se montaron unas carpas y más tarde llegaron los niños, las familias y los ancianos, todos ellos una panda de “antidemócratas” que se pasaban por el forro la ley electoral y sus prohibiciones.

Alguna prensa, ciertos tertulianos, varios políticos y gente por lo general ciega, sorda y clasista dijeron que después de las elecciones no iba a quedar ni rastro de esos ”perroflautas” que tenían “ratas y piojos”. Esas cabezas supuestamente infectadas de liendres son las mismas que dejaron la plaza como una patena cuando decidieron marcharse. Cuando se agotó Sol, los agoreros aventuraron un inmenso y negro vacío, pero la democracia brilló en los barrios. Ahora todas las Españas inician una marcha a la capital, porque la indignación va por dentro y no por autonomías. Ahora les llaman “cuatro gatos”, pero quizás se conviertan en una columna de tenaces hormigas.

Algunos chupamicros, periolistas, visionarios y políticos siguen empeñados en hacernos creer que desprecian y ningunean el 15M mientras se les llena la boca y los minutos de radio y tele con los indignados y sus maldades. Arrastrando palabras pegajosas contra un movimiento que dicen que no les interesa. Hurgando en la excepción, en las debilidades. A cada tropiezo, un “¡lo ves!”; a cada fracaso, un aplauso. Repiten un mantra de malos augurios, un runrún amargo para aguar fiestas a las que no quieren estar invitados.

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