jueves, 7 de abril de 2011

Conato de buen tiempo


Será el tiempo que hace. Parece ser que he sentido ganas de escribir otra vez. Ya queda menos para el verano, pronto emerjeran los hombros de su escondite. Nos lo recuerda la llegada de la primavera y el amago de verano, una caprichosa tregua cálida recién salidos del invierno. Son solo unos días. Los suficientes para respirar aliviados porque dentro de nada saldrán a relucir las sandalias, los piratas, las faldas y las tirantas, que dejan al aire brazos y piernas aún blanquecinos. Iremos perdiendo los pesados abrigos y la pereza de hoy no salgo. Vaciaremos los armarios de lana y los llenaremos de ternura. Diremos pronto adiós a las mantitas del sofá y quizás a los amantes que alguna vez la cobijaron.
Cuando llega el conato de calor, nos lanzamos a la calle en masa para manifestar nuestro acuerdo y nos ponemos gafas de sol aunque aún no moleste a los ojos. Y ropa veraniega con la que aún nos morimos de frío: se trata de impedir que la realidad estropee nuestros deseos. Se vacían los bares y pubs y de repente el mundo se pone alegre y lascivo. Deseas que las terrazas anuncien gazpachos tempraneros. Hasta los kioskos hacen más caja vendiendo helados a clientes deseosos de buen tiempo que adelantan sus costumbres para ver si aceleran las estaciones.
Es solo un amago de buen tiempo, ya sé, pero dura lo suficiente para que las hormonas se desperecen y los ojos empiecen a mirar y a ser mirados de esa manera en la que sólo se mira cuando se deshiela el perezoso invierno. Durante unos días huele a sol y chaqueta vaquera y, de lejos, a mar, bicicletas y arena en los bolsillos. FELIZ PRIMAVERA.

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